A raíz de la pandemia causada por el Covid-19, la educación en Colombia sufrió un cambio drástico con la implementación de la virtualidad. Aunque esta fue una estrategia necesaria, dejó en evidencia una gran desigualdad: un alto porcentaje de la población no cuenta con acceso a internet, lo que impidió que muchos niños pudieran continuar sus estudios de manera adecuada.
En Colombia, miles de niños y adolescentes se vieron afectados por la deserción escolar durante este periodo. Muchos de ellos pasaron meses e incluso años sin interactuar con un docente, sin acompañamiento académico y sin herramientas para avanzar en su proceso educativo.
Frente a esta realidad, Dios puso en nuestros corazones servir a la vereda Granizal, en el municipio de Bello, que limita con la ciudad de Medellín. Granizal es una comunidad conformada en su mayoría por población desplazada, con altos niveles de vulnerabilidad social, hacinamiento y escasos recursos.
Según investigaciones, esta zona cuenta con miles de familias que viven en condiciones difíciles, donde varias personas comparten espacios muy reducidos y carecen de acceso a oportunidades básicas. Ante este panorama, entendimos que no solo se necesitaba ayuda material, sino una transformación profunda del corazón y de la manera de pensar, a través del mensaje de Jesús.
Por eso, iniciamos un programa de acompañamiento y refuerzo escolar, en el que nuestros voluntarios enseñan áreas como matemáticas, lectura, escritura y otras materias fundamentales, utilizando estrategias didácticas que facilitan el aprendizaje. Al mismo tiempo, compartimos valores y verdades bíblicas, convencidos de que Jesús + educación es una combinación poderosa para generar transformación social.
Creemos firmemente que el cambio real comienza en el corazón, y que cuando una persona conoce a Cristo, su vida, su familia y su entorno pueden ser restaurados.


